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LAS CAMINATAS

 

        El hábito que formó desde niño con las caminatas no fue interrumpido por Baba y por ello los discípulos estaban
siempre reunidos a las afueras de su casa cada atardecer esperando hasta que él saliese a dar su caminata. Los discípulos le acompañaban en sus caminatas al campo, a las afueras de la ciudad, y luego se solían sentar sobre la tumba de un tigre.

            Muchos años atrás, en ése mismo lugar, un feroz tigre de Bengala abocó a un inglés y en feroz batalla, ambos murieron. Dos tumbas señalan hoy el lugar. Baba escogió la tumba del tigre como punto de reunión para el grupo y ése sitio guarda muchas de la mejores memorias de esos primeros discípulos. Allí, él les contó muchas cosas maravillosas, realizó asombrosos milagros y repetidas veces otorgó a sus discípulos vivencias de la bienaventuranza más profunda del más sublime éxtasis.

           Un día por la tarde del mes de Marzo en el año 1966, un discípulo había completado su entrenamiento como monje y con otro monje profesor y Baba fueron al bosque a dar una caminata a la tumba del tigre, que estaba a unos 3 Km. de la residencia ferroviaria.

           Cuando llegaron extendieron unas mantas y Baba dijo al monje profesor que los dejara a una cierta distancia para dar al monje que acababa de terminar su entrenamiento, algunas instrucciones concernientes a su persona, a la meditación, a las prácticas espirituales y durante toda ésta consulta particular...algunas correcciones y otros consejos...también hizo referencia a... " Un hombre invisible... el caballero eterno"

           El monje que estaba recibiendo instrucciones de Baba poco tiempo después relataba los hechos y decía " yo no le entendí bien, pero cuando terminó, se levantó después de bendecidme y comenzó a marcharse doblando la manta y llevando el cesto donde estaban los termos, toalla etc. lo seguí; pronto el otro monje se nos unió y cuando regresábamos de repente Baba comenzó a contar: " Cuando yo era niño, solía venir a éste campo y un hombre invisible me decía: " OH! te olvidaste para qué has venido!" Después de unos cuantos pasos, volvió a repetirlo. " Te olvidaste para qué has venido!" y continuó diciendo... "Yo recordé para qué había venido". Caminando silenciosamente unos pasos más, él se detuvo con las manos a la cintura y mirándome dijo: "Y aquel hombre invisible era yo mismo".

            Sus pulgares estaban apuntando a su pecho y diciendo esto continuó su camino. Nosotros lo acompañamos a su casa y éste día quedó en mi recuerdo como uno de los días más memorables.

            Un día durante la estación lluviosa los campos se encontraban llenos de fango y el grupo se dirigían en su caminata hacia la tumba del tigre. Ese día entre las personas que acompañaban a Baba en su caminata estaba un hombre que de profesión era policía, su anatomía era enorme y poseedor de una gran fuerza muscular, medía un poco más de dos metros y su peso sobrepasaba los 100 Kg.

            Mientras Baba se preparaba para cruzar los campos empantanados, el policía orgulloso de su fuerza física ofreció a Baba cargarlo en el trozo de campo cenagoso pues el cuerpo de Baba era pequeño y con poco peso, pero él sonrió y le dijo: ¿Serías capaz de cruzarme subido a tu espalda? el policía dijo: ¡por supuesto! ¿por qué no? así que Baba se subió tranquilamente a su espalda y el policía pensaba que no solo podría cruzar a Baba el terreno pantanoso sino que podría llevarlo a la espalda corriendo hasta la tumba del tigre, pero de pronto empezó a fallarle el aliento y a cada paso que daba, sus pies se hundían más en el lodo y su espalda se encorvaba dramáticamente ante el enorme peso; al fin, incapaz de soportar el peso por más tiempo se sentó en el barrizal y gritó: Baba, por favor, bájate de mi espalda, no puedo seguir cargándote. Baba se bajó y caminaron juntos a través de los campos hasta llegar a la tumba del tigre. Desde ese día el orgullo que ése hombre tenía por su fuerza desapareció y una dulce humildad reemplazó su anterior arrogancia.

            Un día por la tarde, hace ya mucho tiempo, tres de nosotros caminábamos a lo largo de una carretera muy solitaria en dirección a un campo. Cruzamos el puente que hay para atravesar la vía del ferrocarril, cuando de pronto observamos a un hombre vestido con harapos que estaba de pie parado a un lado de la carretera. Baba siguió su paso habitual, el hombre vestido de harapos tenía el rostro radiante y ojos brillantes, miró a Baba y le sonrió, él le devolvió la sonrisa, parecía como si se conmovieran el uno al otro de hace mucho tiempo. Baba se paro y le hizo señas para que le siguiera, todos nosotros estábamos muy sorprendidos cuando se dirigió al hombre para que caminara con él adelantándose ellos dos de entre los del grupo. Luego llegamos al campo dónde nos dirigíamos, el extraño y Baba siguieron hacia la sepultura del tigre y a nosotros se nos dijo que nos quedáramos sentidos bajo las tres palmeras.

            Pasaron cuatro horas completas y nosotros empezamos a impacientarnos por saber algo de aquel hombre e ir a estar junto a ellos, después fuimos llamados y se nos dijo que nos sentáramos cerca de Baba. Nuestros ojos estaban ocupados en mirar al extraño, estaba oscuro y encendimos nuestras linternas, encontramos al hombre tumbado en el suelo boca arriba, no había ningún movimiento en su cuerpo pero su rostro brillaba de una forma poco común. Cuando íbamos a sentarnos cerca de Baba, cómo él nos lo indicó, nos dijo tened cuidado "No le toquéis, está en profundo estado de éxtasis espiritual". Todos nosotros estábamos sorprendidos al escuchar esto, nosotros que pensábamos que sería un vagabundo o un hombre más y allí estaba gozando del éxtasis espiritual, el logro más grande de cualquier aspirante espiritual.

            Nosotros hacíamos a Baba algunas preguntas indirectamente, otras directas pero él evitaba las respuestas desviando la conversación a otros temas. Algún tiempo después empezó a llover y Baba nos dijo que nos refugiáramos de la llúvia bajo un gran árbol banano. Con su mano izquierda protegía al hombre de la lluvia manteniendo en ella una sombrilla, al rato cesó la lluvia y Baba tocó al hombre en la frente y le susurró unas palabras que ninguno pudimos oir excepto la última palabra "kalyanamastu" lo que significa: puede que tengas progreso y una gran bendición espiritual. El hombre volvió en sí y Baba le ayudó a incorporarse, nosotros salimos del refugio de la lluvia junto al árbol banano y regresamos cerca de ellos. Baba se sentó en la sepultura del tigre y nosotros junto a él haciendo un lugar para que el extraño se sentara también, pero él prefirió sentarse en el suelo al lado de los pies de Baba y lo miraba fijamente.

            Sutilmente buscábamos la forma de preguntar a Baba, de forma discreta y de distintas formas para saber algo acerca de aquel hombre, pero Baba contestaba simplemente " Es vuestro hermano espiritual" y sonreía.

            Pasó cerca de un mes y todo esto fue un profundo misterio para nosotros. Un día cuando paseábamos un grupo de personas con Baba por el mismo campo, cosa que solía hacer con frecuencia... de pronto Baba se detuvo, se volvió un poco serio y saludó con NAMASKAR a alguien que sonoros no podíamos ver, y reanudó la marcha, todos caminábamos en silencio y pensativos, Baba se volvió hacia mí y me preguntó "¿Recuerdas a un hombre que vino aquella tarde y entró en éxtasis durante varias horas y deseabas saber algo acerca de él? y yo respondí: "si Baba, lo recuerdo". Después dijo: "ha dejado su cuerpo físico hace unos minutos, él está libre de toda esclavitud terrenal y espiritual. Aquel día vino a verme físicamente para dejar su cuerpo". Baba se paró un momento y con un profundo sentimiento dijo: " Era un gran yogui y había experimentado muchas clases de éxtasis espiritual".

             Todos estábamos en silencio; yo pensaba en que ése hombre era una joya ignorada por el mundo y que sólo Baba lo conocía verdaderamente y cuando regresamos a casa Baba dijo: " EL MUNDO DE LA ESPIRITUALIDAD ES UN GRAN MISTERIO".

 

 

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